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Una obra de arte de Roger Vivier

La palabra arte suele ser utilizada incorrectamente, tanto por acción como por omisión. Hay más de una vez que vemos algo que se cataloga como manifestación artística  y la verdad es que nos suena muy exagerado en los oídos. Pero hay otras veces que cuando nos referimos a algo, podríamos tranquilamente decir que es una obra de arte y no lo hacemos. Es el caso de algunas joyas, por ejemplo, o lo que veremos hoy, unas sandalias. Pues si, las que ha diseñado Roger Vivier para la ceremonia de coronación de la Reina Isabel II, en el hoy lejano 2 de junio de 1953, son una obra de arte y lo discuto con quien sea.

Hasta nombre tienen estas fabulosas sandalias: A Quenn, forever. Estas sandalias originales estaban realizadas en piel dorada y tanto en los tacones como en el resto de la sandalia, todo era simbólico. Por ejemplo, en los tacones unos rubíes significaban, dado su color (rojo) la unión de monarca con su pueblo. En el sector superior de la sandalia, una Flor de Liz se destacaba.

En ocasión del jubileo, se ha hecho una especie de re-edición de las mismas. El responsable ha sido Bruno Frisoni, como no podía ser de otro modo. Esta vez se destaca la realización en raso negro, que permite el perfecto realce de los nada menos que 4 mil diamantes que forman la famosa Flor de Liz. Por supuesto que este trabajo se ha realizado a mano en Paris. Lo que no me entusiasma tanto son las plumas que decoran el empeine. Igualmente, arte.