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Los diamantes sintéticos: la tecnología aplicada al lujo

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Detrás de la adquisición de un diamante de lujo, existe todo un proceso que comenzó hace millones de años en las profundidades de La Tierra, un proceso en el que también se requieren tecnología, maquinaria y mano de obra.

En algunos lugares existe todo un comercio escondido en torno al tráfico de diamantes, los diamantes de sangre, que muchas veces, pasan incluso por la firma de organismos mundiales.

Diamantes sintéticos

Un diamante es un objeto precioso y muy preciado, y su valor no es solo fruto del diseño, de la creación, del engarzado, … cada diamante es una pieza única, exclusiva e irrepetible, de ahí su relación con el lujo.

Pero que los diamantes sean así por naturaleza no quiere decir que no se pueda recrear el proceso de fabricación de un diamante de forma sintética, de hecho, en la actualidad ya se pueden adquirir diamantes sintéticos en muchos países del mundo.

Altas presiones y altas temperaturas son necesarias para que la naturaleza cree, a partir de carbono, un diamante, pero en la actualidad, esa misma presión y esas temperaturas se pueden “crear” en un laboratorio, de forma que se consigue un diamante sintético, similar en apariencia a uno natural.

La calidad del diamante sintético

La naturaleza produce un diamante, perfecto, duro, con una excelente conductividad y sin ningún tipo de imperfección, además, es posible encontrar piedras de considerables dimensiones.

Sin embargo, la tecnología humana no ha conseguido recrear todas la perfección de estas piedras preciosas y, por ello, el uso y aplicación de los diamantes sintéticos en tecnología es común.

Sin embargo, hay dos factores que aun están por mejorarse, por un lado, el proceso más limitado en el tiempo del diamante sintético hace que las piedras sean mucho más pequeñas, y que se produzcan ligeras imperfecciones que limitan las propiedades de estos diamantes.

Por supuesto, también existe una gran variación en el precio de uno y otro tipo de diamantes, mientras que el valor de un diamante artificial puede alcanzar los 5.000€, una piedra preciosa de excepcional calidad puede superar los 60 millones de euros.